Testimonio 12/2016

Mi familia es muy pequeña…y prácticamente durante la convalecencia de mi padre en el hospital estuve sola con él. Dios estaba allí conmigo…porque hubo varios “milagritos”. 

 La verdad que mi padre no pisaba una iglesia desde el día que me casé…y a mi me tenía algo intranquila ese tema. Pero por otro lado también es verdad que a partir del día de la operación hasta que falleció…allí estuvo D. José cuidándole. Durante esa semana que fui a verle, en las visitas tan cortas de UCI de mañana y tarde, mi padre no estuvo apenas consciente..pero yo le hablaba mucho y siempre me despedía de él diciéndole a D. José “aquí te le dejo para que le cuides” y salía yo de allí con una tranquilidad y una certeza de las pocas que he sentido en mi vida, de pensar que le dejaba bien acompañado y en las mejores manos. Es curioso porque nunca pensé en el milagro de que le curara, mi única preocupación es que no estuviera sólo…y como allí estaba D. José…pues no tenía de que preocuparme. Recuerdo que en los momentos de fallecer, quité la reliquia de la máquina que tenía al lado mi padre, y se la puse entre sus manos y las mías, y lloré como pocas veces recuerdo. Y también me acuerdo que pensé en aquellas palabras de D. José, “Dios puede conceder la Gracia en el último instante”  …aunque sólo sea por la pesadez de las oraciones de su hija…. Fue un momento tan íntimo de unión con Dios y de Paz.


BIOGRAFIA RENOVADA DE JOSE RIVERA

 

JOSÉ RIVERA RAMÍREZ. Testigo de la luz

Editorial Monte Carmelo

 

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    Ha sido editada, con alguna corrección y diversas mejoras, la biografía de José Rivera que escribió José Manuel Alonso Ampuero.
    Para adquirirla:
     – Librerías
     – Al teléfono 925 228746
     – Al correo josemanuelampuero@gmail.com
     – Precio: si se adquiere en las direcciones indicadas, 10 euros más gastos de envío. En librerías, lo que ellas estipulen.

“Mi muerte será la última Misa en la tierra”

IMG_1637“Se me esclarece, matiza, ensancha y robustece la idea de la acción de Cristo en mí. La tendencia a preguntarle antes de comenzar cualquier obra, qué es lo que quiere que hagamos; la visión de que mis operaciones y artefactos son rigurosamente nuestros, me ocurre más en el día, aunque todavía pocas veces. Ser movido por el Espíritu Santo: es El quien me ama, no yo a El. Por eso es El quien nos ilumina, no yo a mí mismo (ni a nadie). Bien sé que existen aún zonas muy oscuras, y que necesariamente, por oscuridad y debilidad, muchas actuaciones son todavía realizadas sólo por mí: pecaminosamente. Nada importa, con tal de que no se alce oposición deliberada, y de que sean reconocidas como deficientes y (más…)