L.S.M. Fuensalida.


Mi marido murió hace 11 años, y en los dos años siguientes murieron sus dos hermanos varones y un sobrino de 6 años, todos de una enfermedad genética hereditaria e incurable llamada leucodistrofia, de la cual las hijas son siempre portadoras, mientras que los hijos varones pueden o no heredarla, pero nunca transmitirla.

Desde que se casó mi hija hace 4 años fue muy reacia a tener niños ya que en caso de que fueran varones había muchísimas probabilidades de que estuviesen afectados. Finalmente se quedó embarazada. Desde el primer momento le pedí a D. José que se hiciese cargo de la criatura y que nos ayudara en este camino, cosa que siempre ha hecho desde que le conocí, no en vida, sino por medio de personas que me han hablado de él, por sus escritos, charlas, etc.

Fueron unos meses de gran angustia. Casi en el tercer mes de embarazo todo se complicó aún más con una pérdida de líquido amniótico por lo que tuvo que guardar reposo absoluto casi todo el mes. Yo le seguía pidiendo a D. José, con gran fe y confianza, aunque muy preocupada.

Poco a poco ella fue mejorando y en la ecografía de los 3 meses ya le aseguraron que era una niña, una niña preciosa que  nació normalmente sin ningún problema, y que es una bendición para todos.

Doy gracias a Dios por todo lo que nos ha concedido a través de D. José, que sigue intercediendo continuamente por mi familia, la cual le encomiendo todos los días.

L.S.M. Fuensalida.