Rafael Sancho Zamora


Me llamo Rafael Sancho Zamora, tengo 43 años, casado, 2 hijos, profesionalmente soy Director de la Fundación CEEI Talavera de la Reina – Toledo, actualmente mi domicilio está situado en Bargas, si bien mis raíces familiares se encuentran en Toledo, allí y desde muy pequeño, de él recibí las aguas bautismales, conocí a D. José Rivera durante su vida mortal, su recuerdo siempre está ligado a un sentimiento de amor y respeto a los demás, de sacrificio y entrega a Dios y a todos los hijos de Dios.

Tuve el privilegio de, como he comentado anteriormente, recibir el bautismo de sus manos en Madrid un 15 de mayo de 1967, lo que me otorgó la gracia de ser uno de sus “predilectos”, como llamaba a todos aquellos que, a lo largo de su vida sacerdotal, bautizó. Su rostro, su bondad, su amor, ha impregnado toda mi vida, su recuerdo está presente a lo largo de toda mi existencia, ya desde que era muy pequeño venia con frecuencia a casa y se pasaba varias horas, sobre todo de noche, hablando con mi padre sobre casos comunes de seminaristas o dirigidos espirituales, reuniones que aprovechaba siempre para dirigirnos en nuestra propia vida espiritual, manteniéndose siempre pendiente tanto de mí, como de mi hermano Carlos, ese amor lo transmitió también a sus familiares más directos, logrando que sus hermanas Carmelina y Ana Maria, fueran parte integrante de nuestra propia familia.

Esa dirección espiritual, que sin ser visible, comenzó cuando éramos niños, continuó de manera esporádica a lo largo de toda su vida terrenal, en él encontraba el apoyo necesario, siempre que acudía en su ayuda cuando tenía alguna dificultad espiritual y también tuve la gran suerte de asistir a algunos ejercicios y retiros de él y tuve 3 o 4 confesiones.

A lo largo de su existencia, lo que siempre me llamó la atención y me gustaría destacar de él es su predicación, su cultura, su claridad, su infinita bondad, su comprensión, su radicalidad, su cercanía, su humildad y sencillez, su saber escuchar y sobre todo QUE SE CREIA LO QUE DECIA que es una virtud para mi hoy en día  a extinguir.

Cuando ahora hecho la vista atrás, y después de haber tenido la “suerte” de haberlo conocido, me doy cuenta de que he sido un afortunado porque su palabra, su persona, haya pasado a ser parte integrante de mi vida. Tengo multitud de anécdotas con él, destacaría su SENTIDO PROFUNDO DEL HUMOR y su amplia cultura general. Un día viniendo de Madrid en autobús un viernes por la tarde me le encontré en la cola para sacar billete, le abordé y le dije que le pagaba el billete y no solamente no quiso sino que cuando me quise dar cuenta me había abonado el mío sabiendo yo lo austero que él era. Nos sentamos juntos y hablamos de todo en una hora que se me hizo cortísima, hablamos de futbol y me dijo que era del Atlheti de Bilbao y conocía más o menos los resultados, luego me habló de las asignaturas que yo estudiaba en Derecho sobre todo Filosofía del Derecho y Derecho Romano y sabía mas que el profesor y luego le pregunte que me había comentado un profesor que Dios no era omnipotente porque habría hecho a alguien como El y Don Jose riéndose con esa sonrisa grande que tenía y sonora me dijo  “ exactamente al revés hombre, es omnipotente y eso significa que no puede haber nadie como El” yo me quedé tan contento y a las semana siguiente lo comenté en clase. En ese mismo viaje le pregunté si no tenía calor ya que era verano y la sotana era muy gorda y se la veía muy viejecita y me dijo: “ sólo tengo esta Rafa y cuando esta sucia de vez en cuando me la lava mi hermana Ana Maria y me viene muy bien ese día hasta que se seca para estar encerrado en mi capilla sin parar de rezar”. Me acuerdo también que muchas veces, mi madre cuando venía a casa, como sabíamos de sus mortificaciones y que apenas comía, le inflaba a comer y un día se comió un pollo entero sin él saberlo. Cuando se lo dijimos el nos respondió con una delicadeza increíble “He quedado saciado hace tiempo pero cuando una madre cocina siempre con cariño y ternura hay que comerse todo lo que te pongan en el plato” esa frase la aplico desde entonces en casa conmigo y con mis hijos.

Mientras D. José Rivera estuvo con nosotros y tuvimos la gran suerte de convivir de manera muy cercana con él, se convirtió para toda mi familia, mis padres, especialmente mi padre, y mi hermano, en un verdadero AMIGO que nos llenó de sabios consejos y al que adorábamos todos por su ejemplo de santidad, de pobreza, de inteligencia y por su extrema bondad. También recuerdo que dirigía espiritualmente a mi tia Mari Carmen, y sus conversaciones con ella la dejaban muy tranquila ya que tenia muchas depresiones.

Desde que falleció y nos acompaña desde el cielo, se ha convertido en nuestro Angel de la Guarda, a él le pido muchas cosas, de hecho pienso que me ha ayudado en numerosas ocasiones, especialmente vienen a mi recuerdo dos momentos muy cruciales de mi vida, el primero de ellos cuando nació mi hijo mayor, que tuvo un aparada cardiorespiratoria y le tuvieron que trasladar de hospital agonizando, la situación era tan grave que de hecho le tuve que dar el bautismo de socorro en la ambulancia y no paraba de rezar por el y por mi esposa que también estaba muy fastidiada a Don Jose para que todo fuera bien. Hoy esta hecho un chaval muy bueno, sano y normal. El segundo acontecimiento transcendental, y que todos tachamos de “milagroso” ocurrió con mi padre, tuvo un megacolon toxico que fue a peor y le intervinieron de urgencia, el estado era critico y le dieron horas de vida. Desde el comienzo de la enfermedad, toda mi familia estuvimos pendiente de que la estampa de Don Jose estuviera siempre presente en la cabecera de su cama, hasta en el quirófano. Tenía una sepsis generalizada en todo el cuerpo y no había ninguna esperanza. Tras varios meses en el hospital, hoy está bien podemos disfrutar de su presencia y todos incluidos médicos, enfermeras, anestesistas, familia y amigos pensamos que Don Jose desde el cielo nos AYUDO. Yo tengo siempre la estampa en mi cartera y en mi coche y cada vez que tengo algo importante rezo la estampa, hasta hora nunca me falla.

Desde su fallecimiento, y siempre atendiendo a las gracias que en vida y tras su muerte, ha otorgado a mi familia, me gusta dar a conocer su figura, sus ideas, repartiendo estampas, hablando de él, regalando grabaciones, les digo a la gente cuando están angustiados o preocupados que le recen,…

Ya en vida, y desde su paso a la vida eterna, creo que su fama de santidad va creciendo día a día y cada vez más gente conoce sus obras y su existencia, debido a la bondad que irradió durante toda su vida Y A SU EXTRAORDINARIA PERSONALIDAD por lo que lo que más destacaría de D. José Rivera era su capacidad para hacer el bien, su tesón, sus fuertes creencias, su confianza y abandono en Dios Padre, puedo decir que he sido un gran afortunado, ya que siempre estuvo muy pendiente de mí, de mis estudios, de mis amistades, familia y preocupado de mi desarrollo espiritual y personal. Pero esa misma delicadeza y preocupación, era capaz de transmitirla a todos los que se encontraban a su lado, indistintamente de sus condiciones y capacidades físicas y/o psíquicas.

Creo y en esto me acompañarán todos aquellos que lo han conocido, que poder conocer a D. José en mi vida, ha supuesto una Gracia de Dios, indistintamente del juicio que la Iglesia dictamine, para mí y para todos los que hemos tenido la suerte de convivir, de una manera u otra con él, es un santo que llevó la palabra de Dios a todo aquél al que conoció.