Día 28 de Abril de 1990


Oración desde las 3:30. Releo, en primer lugar, los párrafos acotados o subrayados del libro de Alzubialde. Solamente alguna observación:

– La actitud radical es la actitud de la Virgen. Que no consistía en abundantes consideraciones sobre la maternidad, sino en continua contemplación de Jesús. Más aún: notar el peligro de nuestras elucubraciones, necesarias sin duda, respecto de la vida espiritual. Si no brotan de la contemplación misma, si no van empapadas de contemplación, constituyen riesgo incesante de distracción… La vocacíon intelectual viene significada por la capacidad, prudentemente considerada, de no disiparse, sino ver, con cierta espontaneidad, la acción de Dios en la reflexión misma… Ejemplo de la madre médica o psicóloga

Aparte de tales consideraciones inmediatas, surgen una runfla de pensamientos consiguientes. Ansia de perfección ilimitada para mi imaginación, pero no confinada por el poder de mi pensamiento. Es decir: aspiración a la santidad en “perfección”; pero en cambio renuncia a describirla en sus realizaciones futuras, y a verificarla en sus logros presentes. El niño experimenta su salud -corre, chilla, trepa, da lata…- pero ni tiene proyecto, ni plan razonado de su futuro, ni de su presente. ¡Y esto es lo que les cuesta aceptar a los “adultos”! Más y más penetro la profundidad del pensamiento de Bernarnos, cuando dice que la expresión más terrible del evangelio es la recomendación de hacerse como niños…

Importancia de la fidelidad en lo menudo… Ya muy antiguo: cada rendija que se le abre al Espíritu provoca aperturas impensables cuando Él quiere. Solamente notar que las aperturas no son previamente planeadas, sino que el mismo viento golpea, acaso muy discretamente, para que le abramos.