“Mi muerte será la última Misa en la tierra”


IMG_1637“Se me esclarece, matiza, ensancha y robustece la idea de la acción de Cristo en mí. La tendencia a preguntarle antes de comenzar cualquier obra, qué es lo que quiere que hagamos; la visión de que mis operaciones y artefactos son rigurosamente nuestros, me ocurre más en el día, aunque todavía pocas veces. Ser movido por el Espíritu Santo: es El quien me ama, no yo a El. Por eso es El quien nos ilumina, no yo a mí mismo (ni a nadie). Bien sé que existen aún zonas muy oscuras, y que necesariamente, por oscuridad y debilidad, muchas actuaciones son todavía realizadas sólo por mí: pecaminosamente. Nada importa, con tal de que no se alce oposición deliberada, y de que sean reconocidas como deficientes y propias. El prosigue incesante, incansable, su quehacer. Y llegará el día, ciertamente, en que todo nos sea común. «Las obras que el Padre hace en mí». «Las obras que el Padre me da». Así podré yo también decir del Padre y de Cristo y del Espíritu de ambos. Y un día mi muerte será la muerte que Cristo muere en mí, vale decir, participación de la suya, y será nuestra pascua, el paso -tarea común- de mi personalidad a la plenitud gozosa. Maravilloso; pues lo peculiar de Dios es hacer maravillas, y la tarea del hombre esperarlas de El. Dejar a otros el trabajo de ejecutar con sus esfuerzos -no faltaba más, con la ayuda de Dios- tlinemediocres tareas, a medida humana; para mí queda esperar de El obras perfectas. «El que cree en mí hará las obras que yo hago y las hará mayores, porque voy al Padre». Tal la glorificación de Jesús resucitado…

 

Darme cada vez más cuenta, de que vivimos de apariencias, nos desvivimos, digo, entre apariencias. Y la negación continua, la negativa a aceptar las apariencias por realidades, me tiene que prestar cierto aire de loco: locura de la cruz, de la predicación. ¡Ay de mí, si no predico! ¡Ay de mí, si no me presento como un orate al mundo de orates en que estoy, por el que paso…! Todavía aparezco un hombre; pero interiormente, con mi muerte, se aviva el resplandor de gloria que me hace hombre, por la identificación con el Hombre…”.

                                                           (Diario, 1972. 1977)