Archivo diario: 13 octubre, 2015


Ignacio

Tuve la gracia de coincidir durante 4 años con don José en el seminario de Sta. Leocadia. Desde entonces le profeso una gran devoción y participa de modo fundamental en mi vida y la de mi familia. En febrero pasado fuimos toda mi familia a Roma. Era la primera vez que salíamos todos juntos desde que nos casamos hace ya más de doce años. Para esta ocasión compramos una cámara de fotos que nos costó bastante esfuerzo económico. En el taxi que nos llevaba del aeropuerto de Roma a la residencia nos dejamos olvidado todo el material fotográfico. Cuando nos dimos cuenta el mundo se nos vino a los pies. Máxime cuando la religiosa de recepción nos indicó que era totalmente imposible recuperarla (no sabíamos ni siquiera en qué compañía de taxi llegamos), que siempre que se había perdido algo a un turista nunca lo había recuperado. Así que me encomendé a don José como siempre hago diciéndole: “don José ayúdanos a descubrir la voluntad de Dios”. Y nos fuimos hacia el autobús urbano. No llevábamos ni 5 minutos cuando apareció el taxi con la bolsa fotográfica completa, ante la sorpresa e incredulidad de la religiosa. (más…)


L.S.M. Fuensalida.

Mi marido murió hace 11 años, y en los dos años siguientes murieron sus dos hermanos varones y un sobrino de 6 años, todos de una enfermedad genética hereditaria e incurable llamada leucodistrofia, de la cual las hijas son siempre portadoras, mientras que los hijos varones pueden o no heredarla, pero nunca transmitirla.

Desde que se casó mi hija hace 4 años fue muy reacia a tener niños ya que en caso de que fueran varones había muchísimas probabilidades de que estuviesen afectados. Finalmente se quedó embarazada. Desde el primer momento le pedí a D. José que se hiciese cargo de la criatura y que nos ayudara en este camino, cosa que siempre ha hecho desde que le conocí, no en vida, sino por medio de personas que me han hablado de él, por sus escritos, charlas, etc.

Fueron unos meses de gran angustia. Casi en el tercer mes de embarazo todo se complicó aún más con una pérdida de líquido amniótico por lo que tuvo que guardar reposo absoluto casi todo el mes. Yo le seguía pidiendo a D. José, con gran fe y confianza, aunque muy preocupada.

Poco a poco ella fue mejorando y en la ecografía de los 3 meses ya le aseguraron que era una niña, una niña preciosa que  nació normalmente sin ningún problema, y que es una bendición para todos.

Doy gracias a Dios por todo lo que nos ha concedido a través de D. José, que sigue intercediendo continuamente por mi familia, la cual le encomiendo todos los días.

L.S.M. Fuensalida.


Miguel Ángel Búa

Mi nombre es Miguel Ángel Búa Lobato. Nací en Navahermosa (Toledo) en el año 1934. Estoy casado y tengo cinco hijos y cinco nietos. Vivo en la calle de Brescia Nº 6 – 2º A. Distrito 28002 de Madrid.  

  

Se pierde en la nebulosa del tiempo el momento exacto en que conocí a D. José Rivera. Sí recuerdo, que yo por entonces vivía en Villacañas (Toledo) con lo que sería alrededor de los años 60, y pertenecía al grupo de Acción Católica. Supongo que el acercamiento vino por D. Manuel Aparici, por D. José Rincón o, tal vez, a través de algún familiar mío del grupo de Acción Católica. El caso es que a partir de entonces, D. José pasó a formar parte primordial de mi vida religiosa.

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Carlos Sancho Zamora

Soy Carlos Sancho Zamora, natural  de Madrid pero siempre he vivido en Toledo. Tengo 41 años y llevo dando clases de inglés en el colegio Ntra Sra de los Infantes desde 1997. Estoy soltero y vivo con mis padres en la calle Alférez Provisional, 7. D. José Rivera ha estado siempre presente en nuestra familia desde pequeños. Los padres del sacerdote y mis abuelos se conocían de siempre, luego la relación continuó con mis padres, Rafael y Sagrario, hasta el final de su vida terrenal y principio de la vida eterna. Mis tíos paternos y maternos  también le conocieron y trataron de una u otra manera, especialmente mi tía Mary Carmen que se dirigió espiritualmente con él más de veinte años y tanto bien nos hizo espiritualmente a la familia por su testimonio de vida sufrida y entregada. Igualmente conocieron a Antonio Rivera, el ángel del alcázar, del que comentó el siervo de Dios “fue una persona fundamental en su vida a la hora de descubrir el amor de Dios y su entrega por todos”. (más…)


M.A.N.J.

Hacía poco tiempo que estaba en Toledo, cuando una monja anciana me dio a conocer el boletín nº 22 (diciembre 2006) del Siervo de Dios José Rivera. Enseguida leí algunos escritos más de él. Poco tiempo después, un matrimonio que nos visitó en nuestro locutorio comentó algo sobre D. José Rivera, con gran nostalgia de los tiempos en que les acompañaba espiritualmente.

He oído hablar varias veces de D. José Rivera, siempre en sentido positivo: que era un sacerdote ejemplar, un gran padre espiritual. Por entonces yo estaba pasándolo mal interiormente, se trataba de una prueba muy difícil. Pensé en pedirle su intercesión y puedo afirmar que de verdad he recibido dos gracias espirituales.

También un familiar mío tuvo un accidente en enero. Se quedó en estado de coma, totalmente paralizado. Recurrí nuevamente al Siervo de Dios pidiéndole la gracia de la recuperación y fui atendida.

Con mucho gusto doy mi testimonio por las gracias que recibí de Dios a través del Siervo de Dios. Para mí, D. José Rivera es un hombre de Dios, un santo que está en el cielo intercediendo por nosotros.

 

 


Mª del Carmen Simal Avila

Conocí a D. José, si mal no recuerdo, en el año 1978. Tenía 18 años, y estudiaba en Toledo.  

Un día caminaba cerca de la catedral, con una  amiga, cuando una señora (que  no conocíamos, y resultó ser Pepita Zamorano)  nos paró y nos invitó a un retiro que tendría lugar en la Casa de Ejercicios, con motivo del Adviento. Agradecimos educadamente la invitación y seguimos nuestro camino comentándola sorprendidas: no conocíamos a la señora, no habíamos estado nunca en la Casa, y aquello del retiro era nuevo para nosotras. Sin embargo llegó el día y mi amiga y yo asistimos al retiro. Nos encontramos con un  grupo de personas que escuchaban a un sacerdote que parecía mayor, con gafas y pelo blanco; no entendíamos muy bien lo que decía ni por  qué  de vez en cuando se reían  los asistentes… mas a pesar de la experiencia de la mañana,  volvimos por la tarde…  y desde aquel día fuimos unas de las “corderas” de D. José: vinieron otros  retiros, misas, confesiones, charlas, estudio del evangelio de San Juan, ejercicios espirituales… (más…)