M. P. C., seglar

Soy una maestra de Polán. Concí a D. José Rivera cuando estudiaba 1º de Magisterio, hace ya unos 35 años. Tuve la suerte de escucharle en Retiros y Ejercicios Espirituales, así como poder hablar con él. Lo conocí por medio de una compañera-amiga que me invitó a los primeros Retiros que hice con él. Fue un regalo del Señor porque no todos los días te encuetras con santos como lo era D. José. Llevaba la santidad reflejada en su rostro, (más…)


Jesús Balmori Blanco, pbro.

Hablar de una persona y resaltar algún aspecto de su vida, que más te impresiona, siempre es difícil, porque toda ersona, al fin y al cabo, es un misterio insondable. Y además, cuando queremos plasmar un detalle concreo en un trozo de papel, siempre corremos el riesgo de aislarlo y empequeñecerlo.

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Antonio Salinero Pérez, seglar

He conocido a D. José desde que yo era un niño. Mi familia ha vivido siempre vinculada a la de D. José. Mi mujer y yo vivimos desde hace 28 años en la planta baja de la casa familiar y hemos tenido contacto con él hasta su muerte. “El cura”, como nosotros le llamábamos siempre, es el hombre más santo que hemos conocido. Era un sacerdote de cuerpo entero, centrado en Jesucristo y amante de la Iglesia. Cualquiera que se acercaba a él veía que este hombre se interesaba con un fervor especial por todo y por todos.

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Gabriel Vázquez Seijas, pbro.

Conocí a Rivera en Septiembre de 1943, el día de nuestro común ingreso en Comillas. Estaba solo en el frontón. Me acerqué a él y le pregunté: -“¿De dónde eres?”. -“De Toledo”. -“De allí era el Angel del Alcázar”. -“Era mi hermano”… Fuimos condiscípulos en Comillas y Salamanca.

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Sagrario Lancha, seglar (Toledo)

Don José fue para mí una bendición de Dios…, una palabra tierna del Padre pronunciada en mi vida que, desde temprano, ya tenía heridas. Lo conocí a mis 17 años… y se fue metiendo en mi vida de manera suave pero firme. Llegó a ser el mejor reflejo de Dios Padre que he conocido.

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