Miguel Ángel Búa

Mi nombre es Miguel Ángel Búa Lobato. Nací en Navahermosa (Toledo) en el año 1934. Estoy casado y tengo cinco hijos y cinco nietos. Vivo en la calle de Brescia Nº 6 – 2º A. Distrito 28002 de Madrid.  

  

Se pierde en la nebulosa del tiempo el momento exacto en que conocí a D. José Rivera. Sí recuerdo, que yo por entonces vivía en Villacañas (Toledo) con lo que sería alrededor de los años 60, y pertenecía al grupo de Acción Católica. Supongo que el acercamiento vino por D. Manuel Aparici, por D. José Rincón o, tal vez, a través de algún familiar mío del grupo de Acción Católica. El caso es que a partir de entonces, D. José pasó a formar parte primordial de mi vida religiosa.

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Carlos Sancho Zamora

Soy Carlos Sancho Zamora, natural  de Madrid pero siempre he vivido en Toledo. Tengo 41 años y llevo dando clases de inglés en el colegio Ntra Sra de los Infantes desde 1997. Estoy soltero y vivo con mis padres en la calle Alférez Provisional, 7. D. José Rivera ha estado siempre presente en nuestra familia desde pequeños. Los padres del sacerdote y mis abuelos se conocían de siempre, luego la relación continuó con mis padres, Rafael y Sagrario, hasta el final de su vida terrenal y principio de la vida eterna. Mis tíos paternos y maternos  también le conocieron y trataron de una u otra manera, especialmente mi tía Mary Carmen que se dirigió espiritualmente con él más de veinte años y tanto bien nos hizo espiritualmente a la familia por su testimonio de vida sufrida y entregada. Igualmente conocieron a Antonio Rivera, el ángel del alcázar, del que comentó el siervo de Dios “fue una persona fundamental en su vida a la hora de descubrir el amor de Dios y su entrega por todos”. (más…)


M.A.N.J.

Hacía poco tiempo que estaba en Toledo, cuando una monja anciana me dio a conocer el boletín nº 22 (diciembre 2006) del Siervo de Dios José Rivera. Enseguida leí algunos escritos más de él. Poco tiempo después, un matrimonio que nos visitó en nuestro locutorio comentó algo sobre D. José Rivera, con gran nostalgia de los tiempos en que les acompañaba espiritualmente.

He oído hablar varias veces de D. José Rivera, siempre en sentido positivo: que era un sacerdote ejemplar, un gran padre espiritual. Por entonces yo estaba pasándolo mal interiormente, se trataba de una prueba muy difícil. Pensé en pedirle su intercesión y puedo afirmar que de verdad he recibido dos gracias espirituales.

También un familiar mío tuvo un accidente en enero. Se quedó en estado de coma, totalmente paralizado. Recurrí nuevamente al Siervo de Dios pidiéndole la gracia de la recuperación y fui atendida.

Con mucho gusto doy mi testimonio por las gracias que recibí de Dios a través del Siervo de Dios. Para mí, D. José Rivera es un hombre de Dios, un santo que está en el cielo intercediendo por nosotros.

 

 


Mª del Carmen Simal Avila

Conocí a D. José, si mal no recuerdo, en el año 1978. Tenía 18 años, y estudiaba en Toledo.  

Un día caminaba cerca de la catedral, con una  amiga, cuando una señora (que  no conocíamos, y resultó ser Pepita Zamorano)  nos paró y nos invitó a un retiro que tendría lugar en la Casa de Ejercicios, con motivo del Adviento. Agradecimos educadamente la invitación y seguimos nuestro camino comentándola sorprendidas: no conocíamos a la señora, no habíamos estado nunca en la Casa, y aquello del retiro era nuevo para nosotras. Sin embargo llegó el día y mi amiga y yo asistimos al retiro. Nos encontramos con un  grupo de personas que escuchaban a un sacerdote que parecía mayor, con gafas y pelo blanco; no entendíamos muy bien lo que decía ni por  qué  de vez en cuando se reían  los asistentes… mas a pesar de la experiencia de la mañana,  volvimos por la tarde…  y desde aquel día fuimos unas de las “corderas” de D. José: vinieron otros  retiros, misas, confesiones, charlas, estudio del evangelio de San Juan, ejercicios espirituales… (más…)


Semblanza de Don José Rivera Ramírez

 

Conocí a D. José el día en que fui al Seminario de Santa Leocadia (en Toledo capital), para conocer dicho centro, en 1988. Al levantarme, asistí a misa, sentándome delante de un cura anciano (tenía el pelo blanco) con una sotana raída. Por su aspecto y compostura, pensé que sería un jubilado, o quizá un discapacitado (en mi parroquia de Madrid celebraba misa un sacerdote que había sufrido un derrame cerebral, y tenía el habla muy mermada). La apariencia humildísima de aquel sujeto me hizo pensar así. Pero a esta idea se unió una impresión de extraordinaria cordialidad cuando, en el momento de dar la paz, me volví para ofrecerle mi mano. No olvidaré nunca la sonrisa cariñosísima que me dedicó. A la salida, cuál no sería mi sorpresa al ver que este señor se dirigía a mí, con la misma naturalidad que se pide al carnicero media docena de muslos de pollo, y me decía que quedásemos a tal hora para hablar de mi vocación. “Será alguien importante aquí, pues así me habla, pero qué bien disimula su posición” fue mi pensamiento. (más…)


Amparo Cabañas

Me llamo Amparo Cabañas, tengo 51 años, casada, vivo en Villaluenga de la Sagra (Toledo), soy profesora.

Tuve la suerte y el privilegio de conocer a D. José en Toledo sobre el año 1977, siendo estudiante, a través de amigos comunes. Nada más verle me llamaron la atención varias cosas: su apariencia sencilla y humilde, su forma de vestir, cercanía, alegría, buen humor, simpatía…

Empecé a coincidir con él varias veces, después a confesar, oírle predicar, ir a retiros, hacer ejercicios espirituales…De esta manera pasó a ser mi director espiritual, amigo, psiquiatra y como mi  padre. (más…)